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Ediciones en lengua alemana
Se edita „Bajo el
drago“, leyendas canarias de Horst Uden en lengua alemana
Santa Úrsula / Tenerife
– La comunidad alemana, y desde el año 2004 también el público canario,
conoce la novela histórica “El Rey de Taoro” de Horst Uden, la cual se
ha convertido de bestseller
en longseller, según la editorial. “Nuestros
lectores fieles se entusiasmarán por “Bajo el drago” igual que por su
anterior novela sobre la conquista de Tenerife que se está editando
desde hace 70 años”, cuenta la editora Verena Zech, bien optimista.
„Bajo
el drago“, que de momento está solamente disponible en lengua germana,
es una colección de leyendas y tradiciones de todas las (ocho) islas
Canarias, de la pluma del escritor y viajero Horst Uden, que nació en
1891 en Silesia y falleció en 1973 en Málaga. Uden relata cuentos y
mitos, historias de amor, aventuras de pirata, anécdotas y sabidurías
del pueblo.
„Hay
que imaginárse la estampa“, reconstruye la editora la vida del autor,
“Horst Uden visitó a Canarias en los años 30 y se trasladaba a pie o en
burro. Contrataba a guías que los llevaban a él y su mujer Charlotte por
la isla, y éstos les contaban historias de primera mano ya que Uden, en
estos dias residente en la ciudad andaluza de Málaga, dominaba
perfectamente el español. Uden era un genio observador y narrador. Lo
encantador es que no sólo presenta a sus fuentes, sino las incorpora de
su proceso de narración. Así gana mucho en autenticidad y fiabilidad.”
Como
ejemplo puede servir el siguiente fragmento, una escena que tiene lugar
en Fuerteventura: Horst y Charlotte primero quieren alquilar un asno,
pero se acerca un guía con un camello, los logra engatusar y al final
hace el negocio:
>>(Fragmento del libro, S. 159ss, traducido del alemán)
DISCUSION EN LA ANTIGUA
Un
velero nos había llevado hasta el Puerto de Cabras. Nos encontrábamos en
el puerto mi mujer y yo, y estábamos pensando cómo mejor llegaríamos a
La Antigua, situada en la prolongada altiplanicie del centro de la isla.
“Naturalmente, en caballería”, dijo Lotte, “pronto encontraremos un par
de mulas.”
Apareció entonces un hombre montado en un pequeño burro de pelo gris
plateado. Delante de nosotros se apeó, se quitó, saludando, el sombrero
de ala ancha y ofreció sus servicios.
Mientras Lotte acariciaba al burro, y yo hablaba con su dueño respecto
al camino y las cosas dignas de verse, sin descuidar la cuestión del
precio, dobló la esquina un indígena tostado por el sol. Llevaba sujeto
de una cadena oxidada un camello de patas largas, que le seguía de buen
grado.
Se
detuvo junto al hombre del burro y escuchó en silencio durante un rato
nuestra conversación. Después sacudió la cabeza en señal de
desaprobación de que aquel “mister”, en su incomprensión, pretendiese
alquilar un asno.
“Vuestra merced parece no llevar mucho tiempo en este país”, comentó con
ligero acento de pesar en la voz, “y no conoce, por lo tanto, la
diferencia entre un burro y un camello. Y, sin embargo, salta ella a la
vista. Una ojeada a mi fiel “Mifalla” basta para desechar el último
escrúpulo. Es el mejor camello que hay en toda la región y el único que
tiene una montura inglesa. Al lado izquierdo se sienta vuestra merced y
en el lado derecho la señorita. Yo me instalo delante, junto a la giba.
Y aquí está el anillo de hierro para sujetarle cuando el animal se
excita y comienza a balancearse. Marcha al aire que vuestra merced
desee. Sólo necesito darle un palo fuerte para que salga corriendo como
viento de tormenta, si el piso está seco. Pero si está húmedo, resbala y
cae violentamente. Si le grito “¡reee, reee!”, se pone en marcha. Pero
si digo “¡tuché!, se arrodilla y se echa. Tan pronto como vuestra merced
se sienta en la silla, se pone de pie con alegre bramido y puede
comenzar el viaje. Además, es tan fuerte como Sansón, aunque parezcan de
ratón sus orejas, por lo pequeñas.
“¡Qué decir, en cambio, de un miserable asno!”, prosiguió, señalando
compasivo al animal gris. En primer lugar, está expuesta vuestra merced
a que sus pies, en ocasiones, rocen con el suelo y se lastimen con las
rocas puntiagudas. A esto hay que darle constantemente con la punta del
palo en los ijares, pues si no, no anda. Y si se olvida vuestra merced
de mover las piernas y darle con los talones en la panza, no avanza un
paso más.”
El
majorero me convenció. Alquilamos el camello...
>>Fin
del fragmento<<
Así le acompañamos a
Horst Uden en su viaje en Canarias en los años 30, mucho antes de que
alguien hubiese pronunciado el término de “turismo de masas”.
Este libro no sólo ofrece un viaje imaginativo por las
islas, sino también un viaje de retorno através del tiempo, retorno por
varias décadas y hasta siglos.
Uden
cuenta tres relatos de cada siete islas; de Tenerife seis; además la
“leyenda primitiva” tomada de la mitología griega, y la saga de la
misteriosa isla “non trubada” de San Borondón.
En
total son 26 cuentos bellamente relatados de la pluma de un verdadero
maestro, leyendas y tradiciones de las Islas Canarias, a sólo 14,50
euros (libro rústico con solapas, ISBN 978-84-933108-2-0 en alemán).
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