Opinión
’Guía
Naïf’, de Ángeles Violán
Joaquín Castro San Luis
En en Círculo de Amistad XII de
Enero ha sido presentado el libro Guía Naïf, de la pintora Ángeles
Violán, en el que se reproducen veinticinco cuadros a todo color, con la
explicación correspondiente del tema representado. El autor del prólogo y de
algunos textos, Rafael Arozarena, Premio Canarias de Literatura, hace una
bella semblanza de la autora, "que nació en Los Realejos, ese pueblo colgado
de las laderas del norte tinerfeño, donde la naturaleza se ha excedido con
un barroquismo de vegetales, luces y colores. La limpieza en el color y el
trazo correcto y gracioso, señalan el deseo de la pintora para acercarnos a
la naturaleza y hacernos partícipes de su especial sensibilidad en la
contemplación de la gratitud de la vida".
El arte naïf se presta mucho para esta serie de obras coloristas que nos
enseña Ángeles Violán Acevedo. Ella, a través de sus cuadros, demuestra que
es pintora de entrega y pasión; encuentra cauce y camino que va haciendo a
medida que lo recorre para poner de manifiesto su necesidad de comunicarse,
de explicar su concepto de lo bello a través de sus personajes, para
reflejar la forma de ver la realidad. Se expresa en cada cuadro y así lo
vemos en el libro, sabiendo sintetizar, concediéndole el valor primordial al
espacio y color. Personaliza en cada obra su impresión emocional de los
temas.
Estudia estampas tan significativas como la niña que acaricia al baifito; el
nacimiento de un hijo en un hogar canario, donde cobran protagonismo la
parturienta y la comadrona, que también podían ser las santiguadoras del
pueblo que curaban el mal de ojo o el buche virado; la figura del
zorrocloco, que cuentan los antiguos, que se metía en la cama con su mujer
recién dada a luz, estampas del pasado que aún siguen siendo del presente en
muchos lugares. No quiero dejar de comentar el cuadro titulado: Mi madre
me cantaba el arrorró. La madre es la figura central, le canta al niño
en los brazos, lo que todas las madres canarias han hecho con sus hijos, la
canción de cuna por excelencia a la hora de dormir. Otros temas, como el de
la destiladera, con su piedra y el bernegal con el culantrillo alrededor;
las mujeres al chorrro con sus latas a la cabeza en busca del agua; el de
las lavanderas que luego vendrían a Santa Cruz a traer la ropa seca, limpia
y planchada; el de las gangocheras; el de las mujeres de Los Realejos y
Puerto de la Cruz que venían a Santa Cruz a vender los pasteles,
principalmente en Navidad.
Enhorabuena a Ángeles Violán por haber recogido estas tradiciones en su obra
y a Rafael Arozarena por ese prólogo lleno de delicadezas hacia una mujer
artista y escritora.
(Diario de Avisos,
12 de abril 06)
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